La historia de Kidu: la esperanza tras la caída.


En la crianza de cerdos, es probable que uno de los momentos más traumáticos en su corta y miserable existencia sea aquél en qué – luego de 21 días junto a sus madres – son subidos a un camión de transporte para llevarlos hasta las instalaciones de engorde.

Los caminos para llegar a cualquier criadero en todo Chile suelen ser pedregosos, de difícil acceso y llenos de curvas que hacen que al llegar a destino, los lechones presenten diversas lesiones producto de los golpes que reciben.

Faltando poco para las dos de la madrugada en uno de los seguimientos realizados para documentar este procedimiento, un golpe tras la estela de polvo y los chillidos insistentes de un cerdo nos dieron la alerta: el pequeño lechón cayó bruscamente del camión de transporte en una curva. (Una situación que no solo observamos en las inmediaciones de Agrosuper Freirina, sino también en otros trabajos de investigación al sur del país. Se trata de un accidente común).

Por fortuna el animal resultó ileso de la caída. Bautizamos al pequeño como “Kidu”, (en alusión al vocablo mapudungún 'Kidu Ngünewün', que significa “Estar en libertad, dominarse a sí mismo”) y lo trajimos con nosotros a la capital para darle una vida diferente al destino que le esperaba.

Hoy Kidu se mantiene en observación junto a nosotros y en pocos días partirá al hogar que compartirá con “Jonás”, otro de los cerdos rescatados de una experiencia traumática al haber sido lanzado vivo a los contenedores de cadáveres de animales.

Kidu es un símbolo de esperanza en medio de la tragedia de Freirina. Quizás el único animal que ha cambiado radicalmente de destino luego de su abrupta caída desde el camión de transporte: una noticia esperanzadora que debiera conducirnos a replantear nuestros hábitos de consumo. Y es que las ansias de libertad no distinguen de raza, sexo ni especie y está en nuestras manos adoptar el veganismo como una forma de llevar a la práctica el respeto hacia este derecho inherente a todo ser sintiente.

FREIRINA: EL HOLOCAUSTO ANIMAL MÁS ALLÁ DE LA CRISIS.


Hace unas semanas conocimos el estallido del conflicto medioambiental que mantiene a la comuna de Freirina en constante pugna con la empresa “Agrosuper” y sus criaderos y faenadoras instalados en la III región.

Aunque los habitantes de la zona llevaran años alegando por el mal tratamiento de las aguas que devino en fuertes olores y la presencia constante de moscas en la localidad, no fue sino hasta unas semanas atrás, que los pobladores se decidieron a tomar caminos, instalar barricadas y radicalizar la demanda que básicamente consistió en exigir el cierre que la megaempresa mantiene funcionando desde hace varios años.

El cierre de caminos y el enfrentamiento con fuerzas policiales implicó impedir el paso de alimento y agua para todos los animales criados para consumo humano en dos secciones principales: los galpones de la zona de cerdas reproductoras y los de destete. Un total de 500.000 animales que permanecieron encerrados, privados de alimento y desarrollando conductas evidentes de canibalismo producto del estrés que conlleva una situación como la descrita.

El equipo de investigación de Eligeveganismo arribó a la ciudad de Freirina pocos días después de que el conflicto consiguiera una tregua entre pobladores y la empresa. Desistimos de las visitas oficiales a las instalaciones y fuimos más allá: ingresamos durante días y noches a los galpones para documentar directamente la situación de los más grandes damnificados de este conflicto social. Aquella verdad que Agrosuper nunca nos hubiese querido revelar.

Lo que allí encontramos es lo que presentamos en esta investigación. Pretendemos no solo realizar un llamado a cuestionarnos la forma en que abordamos cualquier problemática social donde se vean involucrados animales – una forma que, sin duda, deja en evidencia el nulo valor que damos a sus necesidades y dónde la concepción de “recursos” queda al descubierto en su expresión más cruda – sino también a reflexionar derechamente sobre la raíz de un asunto de esta magnitud.

El dolor reflejado en la mirada de millones de cerdos, las situaciones de violencia extrema, estrés, mutilación e insalubridad, son la consecuencia más clara de una costumbre profundamente interiorizada en la consciencia colectiva: la idea de que los animales son seres inferiores sometidos por tal razón a la voluntad humana.

Para millones de cerdos no existe una vida más allá de los galpones de crianza dónde serán destetados prematuramente para ser engordados hasta el traslado a matadero. Son millones de voluntades anuladas y violentadas por nuestro egoísmo a la hora de escoger lo que comemos.

Aquí, “Freirina al descubierto”: la realidad de 500.000 individuos. Víctimas anónimas de un conflicto; aquellas en las que ni Ministros, ni dirigentes sociales, ni la empresa privada repararon más que para cuantificar pérdidas económicas.

Presentamos el rostro de los ignorados, el sufrimiento silencioso y los grandes damnificados de una de las problemáticas medioambientales más comentadas en el último tiempo.